Beneficio de la pensión mínima para los jubilados

¿En qué consiste el beneficio de la pensión mínima?

En términos simples se reconoce un monto mínimo de pensión que todo afiliado, tanto en el Sistema Privado de Pensiones (SPP), como en el Sistema Nacional de Pensiones (SNP), debe recibir al momento de iniciar su etapa de jubilación, siempre que cumpla con los requisitos correspondientes.

En el caso del SNP, una persona debe tener 20 años de aportes para acceder a una pensión. Si no se cumple ese periodo, no recibirá nada. Esto podría cambiar si el Congreso de la República aprueba una propuesta del Ejecutivo para otorgar una pensión mínima con menos de 20 años de aportes. En el caso del SPP esto no ocurre, el afiliado sí o sí tendrá una pensión al momento de la jubilación, proporcional al monto que tenga su cuenta individual de capitalización.

Si bien la pensión mínima es un componente característico del Sistema Nacional de Pensiones, comparte su alcance con el Sistema Privado de Pensiones respecto de aquellos afiliados que se trasladaron del primero hacia el segundo y que, por tal cambio, vieron afectado el valor de su fondo. Así, si un afiliado que se encuentra en el SPP, anteriormente aportó al SNP (y entre ambos sistemas acredita 20 años de aporte), y a la fecha de su jubilación la pensión calculada que recibiría es menor a la pensión mínima vigente del SNP (actualmente 500 soles), el Estado deberá otorgar un “Bono Complementario” de manera que se equipare la pensión a recibir con la mínima indicada. Sin embargo, el Bono Complementario será un beneficio que se pagará si no se alcanza la pensión mínima, incluso con los fondos de la cuenta del afiliado y el Bono de Reconocimiento (si hubiere). A pesar de ello, creo que la pensión mínima es un beneficio que debería extenderse de igual manera al SPP, con el mismo sentido y razón de ser que cumple en el SNP.

Fuera de puntos técnicos del funcionamiento de la pensión mínima en nuestro sistema de pensiones, es importante reconocer y reforzar ese sentido y razón. Desde la década de 1990 se reconoce que, en un sistema de capitalización individual, el derecho a una pensión mínima es compatible, tanto con el derecho de propiedad (protección del fondo del afiliado), con el reconocimiento al esfuerzo de aporte realizado, sino también con herramientas de articulación entre política económica y política social.

La pensión mínima ingresó a nuestro sistema con la finalidad de ampliar la posibilidad de acceder a mejores montos de pensiones, posibilidad que anteriormente sólo se restringía a aquellos trabajadores que percibían remuneraciones medianas o altas. Precisamente sobre este aspecto es que la pensión mínima juega un importante rol en el sistema de pensiones en el país, y refuerza nuestra creencia que es necesario también este beneficio en el Sistema Privado de Pensiones.

Al ser un sistema con cuentas de capitalización individual, cuya rentabilidad suma al fondo en estas cuentas, el SPP es el mejor ecosistema para permitir que la pensión mínima ayude al afiliado a construir una mejor pensión para su jubilación, pues al tener una pensión mínima como base, el afiliado podría beneficiarse de otras herramientas que dicho sistema le proporciona (y que no encontramos en el Sistema Nacional de Pensiones), como el aporte voluntario y la gestión de inversiones, para incrementar su fondo sobre el monto ya garantizado por la pensión mínima.

Esta posibilidad, a pesar de que ya existe el beneficio de pensión mínima, no se ve en el Sistema Nacional de Pensiones, ya que la bolsa común tiene un límite: los 20 años de aporte. Esto sólo refuerza y reforzará la institucionalidad del Sistema Privado de Pensiones como un sistema de beneficios reconocidos para los afiliados y, junto con la pensión mínima, sería más evidente para ellos.

Por esta razón es tan importante conectar al Sistema Privado de Pensiones con la pensión mínima, para acceder a una correcta y mejor política social. Al permitir al afiliado construir sobre una base garantizada, la pensión mínima y el SPP constituyen la mejor opción para asegurar pensiones dignas, tanto a quienes más aportan, como a quienes menos capacidad tienen para ello. El Estado no puede permitir que se mantenga por más tiempo el trato desigual y no equitativo entre afiliados de ambos sistemas: ¿por qué en el SNP sí existe una pensión mínima, y en el SPP, donde mejor podría desarrollarse, no?

Asimismo, al articular ambas políticas, la pensión mínima aligera la carga económica que se le asigna al Estado, ya que éste solo asumirá el monto necesario para alcanzar la pensión mínima, ya no el costo que supone la pensión total y la administración del sistema de reparto. Esto se permite gracias a la eficiencia del Sistema Privado de Pensiones (como sistema de capitalización) para identificar afiliados que podrán acceder a una pensión adecuada, por lo que el esfuerzo será dirigido o focalizado en aquellos que no tendrán este beneficio.

Cómo se aprecia, el beneficio de la pensión mínima, enfocado desde el SPP, es doble: protege al afiliado más vulnerable y permite una correcta asignación de recursos públicos (o al menos reduce el costo que asume el Estado en el sistema de pensiones). Tal importancia tiene este doble beneficio, que es recogido por diversas propuestas de reforma planteadas por distintos actores, desde la Organización Internacional del Trabajo, pasando por el Banco Interamericano de Desarrollo, así como organizaciones locales, recogen el derecho a la pensión mínima como pilar base de protección a los aportantes más vulnerables. Si bien no discuten su fundamento, reconocen su beneficio, así como la relación con el sistema de capitalización quien también forma parte de las nuevas estructuras propuestas para una futura reforma.

De otro lado, es importante que los actores del sistema pensionario en el país, así como dictan las políticas económicas y sociales, reconozcan otra ventaja importante que la pensión mínima puede otorgar: al ser un beneficio que permite incrementar tu fondo de pensiones (como ya hemos mencionado), se convierte en un estímulo para el ahorro previsional. ¿Quién no quisiera tener una forma de construir una mejor pensión y más sobre una base ya garantizada? Uno de los principales problemas del país es la minúscula participación del ciudadano en el sistema como ahorrista. Si le garantizamos un piso sobre el cual él va a tener control para construir su futuro, se sentirá atraído y animado a ahorrar para ello.

Finalmente, es importante recordar lo siguiente: la pensión mínima es un beneficio y como tal no puede convertirse en un estímulo perverso para los afiliados. El acceso debe ser adecuadamente regulado de manera que no se convierta en un subsidio directo e incentive el no ahorro previsional por confiar en la participación del Estado. Asimismo, la pensión mínima debe ser ajustada a la necesidad básica de aquella población más vulnerable y con menos capacidad de ahorro, de manera que cubra adecuadamente las necesidades durante la etapa de jubilación.

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Maricarmen Alva Prieto
Maricarmen Alva Prieto

Tengo un profundo compromiso con el Perú. He dedicado mi vida al servicio público durante 20 años: en la ONP, el Ministerio de Trabajo y el Congreso.